Un espacio para frenar, volver a mirar y devolverle tiempo a los momentos.
Inundados de necesidades inventadas y con la inmediatez como regla diaria, hoy todo parece empujarnos a no tener momentos.
Momentos tan simples como compartir un mate, mirando a los ojos a la persona a quien se lo ofrecemos.
Un mate no es un mero mate: es un momento de compañerismo, de confesiones, de silencios compartidos, de miradas cómplices que dicen más que mil palabras.
Hoy tenemos que aprender a detenernos, a sostener y a habitar cada momento de nuestros días, para frenar esa absurda inmediatez en la que vivimos.
De lo contrario, vamos a terminar ganándoles a las máquinas en indiferencia y antipatía.
Muchos ya eligen una I.A. —o, mejor dicho, un "conector de datos", como me gusta llamarlas— para conversar, antes que hablar con el vecino.
Hace tiempo, escuchar música implicaba un ritual: buscar un disco, esperar el momento adecuado, sentarse con un vaso de vino, una cerveza, un mate o un café, y dejar que girara.
Ese momento era especial. Ese momento era escuchar música.
Lo mismo ocurría al leer un libro, incluso al mirar un álbum de fotos.
¿Cuántos hoy se toman el tiempo de contemplar un álbum con detenimiento? ¿Y cuántos simplemente pasan imágenes, una tras otra, en una pantalla?
Estamos perdiendo el placer de los momentos.
Por todo esto, y mucho más…
Un buen mate y vamo' andando.
Mate con amigos.